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El carbón activado posee la virtud de adherir o retener en su superficie uno o más componentes (átomos, moléculas, iones) del líquido que está en contacto con él. Este fenómeno se denomina poder adsorbente. La adsorción es la responsable de purificar, deodorizar y decolorar el agua u otos sólidos, líquidos o gases que entren en contacto con el elemento adsorbente.
El carbón activado se caracteriza por poseer una superficie específica (alrededor de 500 a 1500m2 por gramo) con una infinita cantidad de poros muy finos que son los que retienen (adsorben) ciertos compuestos no deseados. Son las altas temperaturas, la atmósfera especial y la inyección de vapor del proceso de fabricación del carbón activado lo que “activa” y crea la porosidad.
Los poros varían en tamaño desde “microporos” de 20ºA, “mesoporos” de 20ºA a 100ºA, hasta “macroporos” de más de 100ºA. El área de superficie del carbón activado varía dependiendo de la materia prima y del proceso de activación.

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